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Abr 28 2018

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 5° Domingo de Pascua

«LA COMUNIÓN EN LA DIVERSIDAD»

Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 5° Domingo de Pascua

En muchas oportunidades los cristianos nos referimos a la palabra «Comunión». Desde distintos ángulos y por diversas razones tratamos de que sea el fundamento de nuestro obrar. Es cierto que no siempre entendemos su significación y por lo tanto su importancia. En algunas oportunidades leemos o escuchamos que se unen empresas, sectores, o bien países para determinados fines. En general son formas de unidad, pero con fundamentos estratégicos. La comunión será más profunda si los lazos de unidad se fundamentan en relaciones históricas, culturales o religiosas. Pero todo esto aún es diferente a lo que los cristianos entendemos por comunión. El Papa san Juan Pablo II cuando iniciaba nuestro siglo XXI señalaba en la encíclica «Novo Millennio Ineunte» que debemos hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión: «éste es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo… Antes de programar iniciativas concretas hace falta promover una espiritualidad de comunión» (43).

monseñor Juan Rubén Martínez – Obispo de la diciosesis de Posadas Misiones

La comunión para los cristianos tiene su fundamento en el amor y comunión trinitaria. En el amor de Dios al hombre y en la necesidad de asumir el mandamiento del amor. El Evangelio de este domingo (Jn 15,1-8), nos señala la necesidad de estar en comunión con Jesucristo, como la vid y los sarmientos: «Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permaneces en mí»

El fundamento de toda comunión para los cristianos se da en esta comunión con Aquel a quien seguimos. Quizá señalar esto en el contexto cultural que vivimos parezca un tanto exigente o rigorista, pero creo conveniente decirlo, porque las experiencias de fracaso ligadas a la comunión fraterna, en nuestras familias, comunidades, movimientos o el mismo compromiso de los cristianos como ciudadanos, tienen en general como causa esta ruptura básica; nos decimos cristianos, pero de hecho no nos sentimos comprometidos con Jesucristo ni con sus enseñanzas. Llamarnos cristianos a veces es solo una denominación que puede llegar a implicar algunas devociones religiosas, sin terminar de integrar nuestra fe con nuestra manera y estilo de vida. En realidad, esto sucede porque no permanecemos en Él, como la vid y los sarmientos y dejamos de ser fecundos en la construcción del Reino.

En la Diócesis hemos querido acentuar este tema de la comunión que nos señala el texto del Evangelio de este domingo. La eclesiología de comunión no es una opción posible como si fuese una pastoral más. La comunión es un reclamo que nos realiza el Señor y que si no nos interesa contradecimos el camino de discipulado que implica el ser cristianos. Por esta razón, en la Diócesis venimos acentuando la necesidad de asumir la comunión desde nuestra conversión a Dios y desde la búsqueda de mejorar nuestra pastoral para que sea más orgánica. Es cierto que asumir esta exigencia que surge de este reclamo de unirnos como la vid y los sarmientos, es exigente, y la tentación es quedarnos cómodos «en lo de siempre», pero nuestra vida solo se plenifica si no nos conformamos con lo mínimo. En el amor donado y pascual, en desacomodar y desarmar lo que no sirve a la misión, encontraremos dolores y sufrimientos, pero también el gozo que implica vivir una vida cargada de sentido.

Tanto para la vida de la Iglesia, como para la sociedad, nuestra provincia y país el valor de la comunión y no la uniformidad; la pluralidad y lo diverso, sin rupturas, aquello que busque construir el bien común, será la respuesta adecuada para construir en este tiempo globalizado una cultura solidaria y de la vida. El texto de este domingo de la vid y los sarmientos, nos permiten captar la vigencia de la propuesta de Jesucristo, el Señor.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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